Marcelo Pacheco, profesor del Liceo Bicentenario Abdón Cifuentes de la comuna de Conchalí, lidera un innovador taller extracurricular llamado Robótica Fénix. Esta instancia, que tiene una amplia participación de niñas y adolescentes, le ha permitido al establecimiento incentivar el pensamiento divergente y desarrollar habilidades como la creatividad, el pensamiento crítico y el trabajo en equipo en el estudiantado.

En el Congreso Futuro de este año conocimos a Marcelo Pacheco, profesor y coordinador del taller extracurricular Robótica Fénix, una iniciativa que nació en 2007 en el Liceo Abdón Cifuentes de Conchalí y que ha brindado grandes logros al establecimiento.
“En noviembre del año pasado estuvimos en Kagoshima, Japón. Competimos en tres de las cuatro categorías disponibles y logramos el segundo lugar en una de ellas, entre 164 equipos de diferentes países. Representamos a América junto con un equipo de México”, destaca Marcelo.
Si bien la robótica se enfoca en el diseño, construcción y programación de robots, integrando disciplinas como electrónica, mecánica e informática para desarrollar sistemas inteligentes capaces de realizar tareas automatizadas, su impacto va más allá. A través de ella, es posible transmitir conocimientos en ciencia y tecnología, conectar distintas asignaturas del currículo y fomentar en niñas, niños y jóvenes habilidades clave como creatividad, innovación, pensamiento crítico, comunicación y colaboración.

Pensamiento divergente en el aula
El pensamiento divergente es un proceso cognitivo que genera múltiples soluciones creativas a un problema. Se caracteriza por la fluidez, la flexibilidad cognitiva y la originalidad en la generación de ideas, en contraste con el pensamiento convergente, que busca una única solución correcta.
Este es, en pocas palabras, la capacidad de encontrar distintas respuestas a la misma pregunta o problema, lo que activa habilidades como la creatividad, el pensamiento crítico y la autonomía. Evelyn Cordero, Doctora en Neurociencias y directora ejecutiva de Fundación Arrebol, indica que esta forma de plantear el aprendizaje permite una mejor adaptación al cambio y las circunstancias que se modifican constantemente.
Marcelo Pacheco, busca estimular el pensamiento divergente en sus estudiantes: “No queremos que solo memoricen respuestas, sino que exploren diferentes posibilidades y soluciones a los problemas”. Para ello, subraya que el rol de docente mediador es fundamental. El objetivo es guiar a las y los estudiantes en este proceso de aprendizaje.
“Para que esto ocurra, es necesario un mediador. Cuando un docente entrega una tarea, el o la alumna tiene la capacidad de buscar y preguntar, pero si solo se enfoca en una dinámica de pregunta-respuesta, no se propicia el desarrollo del pensamiento crítico. Si el estudiante solo busca un contenido puntual, no se le da la posibilidad de explorar otras posibles respuestas y soluciones”, recalca.

- ¿Cómo se puede fomentar el pensamiento divergente?
Nosotros, dentro de los micro proyectos, trazamos ciertas líneas de requerimientos o instancias que necesitamos trabajar. Luego, planteamos interrogantes para que las y los estudiantes respondan, pero también se autocritiquen y busquen distintos escenarios de trabajo.
En este proceso, se desarrolla la interacción entre el primer planteamiento y las nuevas ideas que surgen. Así, comienzan a notar que hay más de una respuesta o solución para un problema.
Niñas y jóvenes en robótica
El 75% de estudiantes del taller Robótica Fénix son mujeres. Marcelo Pacheco, resalta que la participación en competencias o instancias como el Congreso Futuro, les ha permitido generar autoestima, madurez y entender que el trabajo en equipo es fundamental, ya que así se logran más soluciones que trabajando individualmente. Asimismo, le ha ayudado a fomentar su seguridad, a comunicarse mejor, a establecer diálogos y a expresar sus ideas con confianza. “Antes, muchas decían las matemáticas no son para mí o les tengo miedo. Hoy pueden entrar sin temor”.
Sofía Contreras ingresó a Robótica Fénix en 1° medio. Actualmente, está en 4° medio y recuerda que su motivación para unirse a esta iniciativa fue la idea de encontrar un espacio donde desarrollar muchas habilidades, aprender cosas nuevas y crecer como persona. Hoy, además de lo tecnológico, ha desarrollado habilidades blandas como la comunicación y el trabajo en equipo.
Respecto a la participación de las niñas en ciencia y tecnología, cree que “es algo que debe seguir creciendo y fortaleciéndose, ya que es clave para el futuro y la educación en general”.
Por otra parte, Yavanna Vásquez, inició su participación en 2018, e incluso después de egresar del liceo, continúa participando en actividades de robótica.
Para ella, este taller fue muy importante. “Ahora tengo una mejor relación con la tecnología y la ciencia, y he aprendido cosas a las que antes no estaba acostumbrada”, dice. “Hoy estudio Psicología. Sin embargo, tengo conocimiento sobre algunos programas y sobre cómo llevar a cabo un proyecto. Gracias a la robótica supe qué quería estudiar, ya que logré integrar todas las asignaturas y definir mi camino”, señala.
En relación con la brecha de género menciona que no se sentía capaz de aprender sobre programación o robótica, ya que veía que sus pares masculinos eran más activos en estas áreas. No obstante, sus compañeros y compañeras le demostraron que podía hacerlo y la motivaron a continuar. “Cuando entré y viví la experiencia, me di cuenta de que yo también era capaz de programar, de entrar en el mundo de la tecnología y que soy buena en otras cosas, no solo en un área. Puedo crecer más y desenvolverme en diferentes ámbitos”, concluye.
