Este año, con motivo de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, reflexionamos sobre cómo las mujeres cada vez más ocupan espacios de liderazgo en la educación chilena. Conversamos con Nolfa Ibáñez, Premio Nacional de Ciencias de la Educación (2021); Julia Orostegui, subdirectora de Apoyo Técnico Pedagógico del Servicio Local de Educación Pública Chinchorro y Paula Sánchez, directora de la Escuela Baquedano de Coyhaique, para conocer su visión respecto de los avances y desafíos del liderazgo femenino en este ámbito.

De acuerdo con los datos registrados por el Departamento de Derechos Intelectuales del gobierno de Chile, la educación de niñas y jóvenes en el siglo XIX se remitía a un pequeño grupo de la élite y su formación estaba relacionada con quehaceres del hogar y la maternidad. El censo de 1812 estableció que alrededor del 10% de las mujeres sabía leer y el 8% sabía escribir.
El 24 de noviembre de 1860 se promulgó la “Ley General de Instrucción Primaria de Educación”, fecha en la que se crearon las escuelas públicas para niñas y niños, donde las mujeres de todos los estratos sociales accedieron a la escolaridad, aún con el sesgo de género de las labores domésticas.
A partir de ese hito, se avanzó en la inclusión de las mujeres a la Educación Superior en 1877, a través del decreto Amunátegui. En 1881, Eloísa Díaz y Ernestina Pérez, se convirtieron en las primeras chilenas en obtener el grado de Bachiller en Filosofía y Humanidades.
Actualmente, el Centro de Estudios Mineduc, destaca que la participación femenina en la labor docente es de un 74,9%, y en educación parvularia alcanza casi el 100%. Por otra parte, en cargos de liderazgo, que por muchos años fueron ejercidos por hombres, las diferencias se han reducido, llegando a una brecha de 29,2 puntos porcentuales con el predominio de las mujeres.
Más mujeres líderes
Para la ganadora del Premio Nacional de Ciencias de la Educación 2021, Nolfa Ibáñez, a pesar del poco valor que se le dio en la época, hubo mujeres ilustres en la educación chilena, reconocidas hoy por su liderazgo en los cambios educativos de fines del siglo XIX y principios del XX. Y actualmente, aunque las profesoras son mayoría entre quienes imparten educación en los distintos niveles del sistema, en las comisiones asesoras, grupos de expertos y, especialmente, entre quienes son responsables de la toma de decisiones en educación, las mujeres suelen ser minoría, sostiene.
“También son minoría entre los Premios Nacionales de Educación desde que esta distinción se otorga, pero sin duda, el reconocimiento al liderazgo femenino en educación tiene hoy más presencia; hay por primera vez una Rectora en la Universidad de Chile y en la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación, y dos mujeres hemos recibido el Premio Nacional de Ciencias de la Educación en forma consecutiva, 2019 y 2021, lo que es inédito”, subraya.
No obstante, a su juicio, aún falta mucho por hacer para visibilizar ese liderazgo que sí está presente en cada comunidad educativa.
Al respecto, Julia Orostegui, subdirectora de Apoyo Técnico Pedagógico del Servicio Local de Educación Pública Chinchorro, destaca que, desde su experiencia en SLEP, ha notado la importancia del liderazgo en las mujeres, señalando que su trayectoria en el ámbito educativo ha impactado de manera significativa en la calidad de las experiencias de aprendizaje de niñas, niños, jóvenes, adolescentes y adultos y en la cultura escolar.
Esto lo atribuye a la inspiración que despiertan en otras mujeres y niñas que aspiran a posiciones de liderazgo femenino, favoreciendo la equidad de género en el ámbito educativo.
Asimismo, la subdirectora manifiesta que el aporte y compromiso de las mujeres con la equidad en educación es muy relevante, “esto trasciende a ellas mismas, ya que trabajan con una poderosa convicción y el propósito de eliminar barreras que puedan afectar a grupos vulnerables y garantizar que todas y todos tengan acceso a oportunidades de aprendizaje de calidad, considerando sus intereses y particularidades”, afirma.
Paula Sánchez, directora de la Escuela Baquedano de Coyhaique, enfatiza en las satisfacciones y desafíos que ha implicado su experiencia como directora y líder educativa. “Nos hemos abierto camino pese a todas las dificultades y a los roles que tenemos que ejercer. Tenemos una fortaleza tremenda y una energía que nos permite realizar todos estos roles y comprometernos con el alma y el corazón en todo lo que hacemos”, apunta.
En cuanto a los desafíos, alude a que la Ley aún se encuentra al debe con las políticas que apoyen el desarrollo profesional de las mujeres, ya que el escenario es más complejo considerando la maternidad y la discriminación todavía presente. “Tenemos que enfrentar luchas diarias, que te juzguen por tu apariencia, por tus reacciones, incluyendo la Ley del Post Natal o las horas de lactancia. Son temas que hay que combinar y que son desafíos para la Ley”, opina.
Julia Orostegui igualmente menciona esta problemática, aludiendo a que sigue existiendo dificultad para conciliar la vida profesional con la familiar: “las demandas laborales bajo roles de alta responsabilidad obstaculizan el encontrar el equilibrio para atender los requerimientos personales y familiares, sobre todo en espacios donde el rol de la mujer sigue siendo visto de forma tan tradicional”, finaliza.

Investigación educativa
Un estudio realizado por el Centro de Investigación Avanzada en Educación (CIAE) de la Universidad de Chile, en conjunto con las universidades de Tarapacá y Mayor, analizó la producción académica de 5.702 autores en revistas indexadas en Scopus entre 2011 y 2021. Los resultados revelan que las investigadoras en educación tienen un 22% más de probabilidades de abandonar la investigación en comparación con sus colegas hombres, especialmente en las primeras etapas de su carrera. Además, publican, en promedio, un 21% menos de artículos, y aunque su productividad aumenta con la experiencia, este crecimiento es menos acelerado en comparación con el de los hombres.
Según Nolfa Ibáñez, esta diferencia refleja una brecha de género persistente en la academia, aunque ha comenzado a reducirse en los últimos años. Uno de los factores que influyen en esta menor participación femenina en la investigación educativa es la falta de reconocimiento de metodologías cualitativas, como la investigación acción, dentro de los criterios de evaluación científica.
“De acuerdo con una investigación realizada por un grupo de académicas y académicos de distintas universidades, focalizada en educación (Campos-Martínez et al, 2022), uno de los factores que inciden en la menor participación de las mujeres, es el insuficiente reconocimiento de la importancia de la investigación cualitativa y, especialmente, la investigación acción en educación”, explica.
Esto se debería a las exigencias de productividad académica que aplican al momento de postular a fondos concursables. “Creo que lo distintivo es atreverse a innovar realizando investigación en educación y no sólo sobre educación”. Esto es particularmente complejo, señala la académica, por lo que implica el trabajo en terreno y la interacción directa con las y los actores educativos, que es lo único que puede asegurar investigación pertinente y contextualizada.
“El problema en nuestra investigación educacional es que aún está muy centrada en los productos, dejando un poco de lado los procesos”, estos son, revela Nolfa, los que realmente pueden mostrar cómo mejorar el aprendizaje y la enseñanza en cada contexto. Para cerrar esta brecha, la académica destaca la necesidad de fomentar espacios de investigación más diversos y flexibles, que valoren tanto la generación de datos como la comprensión profunda de los procesos de enseñanza y aprendizaje.
Mujeres impulsando a mujeres | |
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![]() | Nolfa Ibáñez, Premio Nacional de Ciencias de la Educación: "Atrévanse a poner en práctica sus ideas innovadoras, no se plieguen a sugerencias o instrucciones pedagógicas con las cuales no concuerdan. Dialoguen con sus colegas para consensuar modos de hacer las cosas colaborativamente, según sus conocimientos, experiencias y contextos de desempeño profesional”. |
![]() | Julia Orostegui, subdirectora de Apoyo Técnico Pedagógico del Servicio Local de Educación Pública (SLEP) Chinchorro: “Nunca duden de sus capacidades, atrévanse a liderar procesos educativos, porque cuentan con las herramientas necesarias para alcanzar cualquier meta que se propongan. Tenemos que seguir avanzando en disminuir las brechas de género que aún persisten en la sociedad, juntas podemos con todos los desafíos que nuestras y nuestros estudiantes enfrentan cada día”. |
![]() | Paula Sánchez, directora de la Escuela Baquedano de Coyhaique: "Los liderazgos implican desafíos, luchas diarias, que a veces te juzguen por tu apariencia o por tus reacciones. Pero si vas conquistando escenarios, cargos, quedará demostrada tu experiencia. Esta es mi tercera dirección y me siento validada trabajando en el fin del mundo. Eso significa que no tenemos que dejar de pelear por nuestros sueños y anhelos. En algún minuto, ser mujer no va a ser una diferencia”. |